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El Tango de las Academias en el Río de la Plata

 

Eduardo Magoo Nico

origen-popular-Argentina_CLAIMA20121222Con sus sucesivos cambios la danza de origen afro-antillano, que luego se llamó Habanera, fue la preferida en los cuartos de las chinas cuarteleras (negras, mulatas, mestizas, indias y de vez en cuando alguna blanca) donde antes de 1850 ya se bailaba con pareja abrazada (la mujer siempre retrocediendo y los cuerpos en contacto “tanto más o menos, según fuera la confianza habida”, pero “sin contorsiones ni traspieses buscados”). Esa danza, decíamos (por no decir Tango, pues tango era todavía todo lo que bailaban los negros) fue modificando paulatinamente sus componentes coreográficos que la lascivia del orillero penetró con las más imprevistas y pintorescas figuras, surgiendo entonces el corte y la quebrada, que el bailarín negro no demoró en aplicar a la Milonga y a todo lo que se bailara en los cuartos de las chinas.

“La popularidad que conquistaba la milonga danzable, sugirió en el suburbio un nuevo lucro, y se instalaron salones de bailes públicos, con el consabido anexo de bebidas.” Estos salones de bailes públicos son las Academias, perfectamente descriptas por el ensayista uruguayo Vicente Rossi, en “Cosas de negros” de 1926, así como la gran participación que en ellas cuadró a los negros (tesis ésta que contara con el sostén de Jorge Luis Borges entre sus mayores defensores), y el hecho muy importante, de que allí no se utilizaba la danza como antesala del libertinaje, sino como un fin en sí misma.

En las Academias surge entonces una subclase especializada de nuestro primer proletariado (en su mayoría negro y proveniente del tráfico de esclavos). “A las danzaderas, pardas y blancas, no se les exigía ningún rasgo de belleza, sino que fueran buenas bailarinas y lo eran a toda prueba”. Su jornal, unos centésimos que a tarifa fija le abonaba el cliente por cada pieza (a dividir con el patrón). Su tarea “fatigosa y brutal”, satisfacer “el culto de un nuevo arte de emociones y acrobacia danzante”, su existencia, “una maldición hasta para la mujer de vida airada”.

Las orquestas estaban constituidas, por lo común, por seis músicos criollos “virtuosos del oído”. El repertorio importado se interpretaba fielmente, según se dice, y con la Milonga se hacían primores. El mundo que acudía a las Academias no era ya solo el del negro que “se floreaba y divertía con sus reminiscencias raciales” sino también la juventud masculina de todas las clases sociales. Bailar estas danzas en público, sin embargo, no era para todos, y el blanco y el pardo no se adaptaban con facilidad a la técnica del negro, aceptando sus lecciones de ritual, pero no sus atrevidos desplantes. Así, a toda exageración o impetuosidad milonguera, se la llamó “cosa de negro” o “bailar a lo negro”.

Las Academias funcionaron en distintos barrios de la ciudad de Buenos Aires: La Boca, Barracas, San Cristóbal y el Bajo. “Viejo Tanguero” (1) menciona tres en el Sur: Solís y Humberto I, Solís y Estados Unidos y Pozos e Independencia, “tal vez la más famosa por la gente de bronce que la frecuentaba y por el prestigio de los bailarines que concurrían”.

Nombres o mitos entre las danzarinas de color: las pardas Refucilo, Flora, Adelina, la Negra Rosa (propietaria de una casa de baile en Pompeya), la mulata María Celeste. Entre los bailarines iniciales: los negros Cotongo y Benguela.

Los propietarios de las tan mentadas academias de baile, eran en su mayor parte hombres de color y otro tanto ocurría con sus tan jerarquizadas regentas, como la ya evocada por “Viejo Tanguero”, Carmen Gómez (2), una parda que valiéndose de un brujo negro, rodeó muy adecuadamente con sal la casa de su adversaria (de igual tez, pero Agustina de nombre) con el afán de provocarle “un mal”.

El tango que se conoce en la actualidad se formó mediante “el contacto del hombre de color y el orillero. Los ritmos europeos adquirían el ritmo de los tamboriles y el canto de África. Este tango, ligado aún a su origen en los sitios de los negros, poseía una coreografía que lo destacaba de la música ciudadana de la época.” (3)

Aquellos tangos (desaparecidos o agonizantes los cuartos de las chinas y las primeras Academias) continuaron bailándose, en los burdeles, en los clandestinos, en los centros nocturnos de Palermo… Recordemos que el desarrollo de la prostitución organizada se inició en nuestro país después de 1870, debido sobre todo, a la prevalencia de la población masculina proveniente de la inmigración. “No fue difícil que, ante la magnitud del fenómeno prostitucional, el burdel se convirtiera en la institución orillera por excelencia, y sus personajes típicos (el canfinflero, la madama, la taquera) en una suerte de próceres o aristocracia negra en la ciudad del mal. El tango llegó siguiendo este maligno prestigio, fraguando en una forma bailable que luego sería musical, el carácter de la orilla ciudadana, hábitat de todo el margen de la sociedad” (4)

Los hombres de color fueron desapareciendo (como bailarines) de los lugares de tango. Hacia finales del siglo XIX y en los comienzos del nuevo siglo, a la aniquilación física en la guerra fratricida con el Paraguay, y en la sucesiva epidemia de fiebre amarilla que asoló Buenos Aires en 1871, sigue una Política de Estado de “invisibilización” de indios y negros en la sociedad, barridos por el torrente de la masiva inmigración blanca europea. El rechazo de la negritud se acrecienta con la pompa y el boato que van adquiriendo algunos de esos nuevos lugares de tango (ya de moda en París). Pero su participación no se borra definitivamente, sino que ahora empezarán a convertirse en los más prestigiosos musicantes de los clandestinos rumbosos, de los apeaderos del sabalaje, de las nocturnas jodas de los recreos de Palermo. En cuanto a las pardas, las mulatas, las negras, serán sustituídas paulatinamente por las milonguitas, y por las nuevas putas europeas: “sífilis embarcadas en Marsella/ ladillas gigantescas de Varsovia”.

Una cierta lectura de la toponimia de las calles de Buenos Aires podría hacernos pensar en una apología de todos los genocidios. Las calles rebosan de nombres de militares “ilustres”, pero en ningún lado se recuerda el nombre (en ningún bar, ninguna esquina, ninguna plaza, ninguna placa) de estas primeras bailarinas de tango (casi siempre negras, chinas o mulatas), que contribuyeron a crear, y sobre todo, enseñaron a bailar (y en la transmisión, recordemos, se fija, se sistematiza, se denomina, la figura coreográfica) una danza que es hoy reconocida por la UNESCO, como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Tenían un nombre estas mujeres corajudas (5) que enseñaban a danzar “con corte” en las Academias, y antes y después, en los piringundines, prostíbulos y cabarets de Buenos Aires, aunque por ser hijas de la esclavitud (de la vieja y de la siempre renovada esclavitud) no se les haya otorgado el derecho de tener una historia (6).

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1) “Viejo Tanguero”, autor de un artículo publicado en “Crítica”, el 22 de septiembre de 1913, con el siguiente título: “El tango: su evolución y su historia. Quienes lo implantaron”. De acuerdo a Cárdenas (1971:28) dicho seudónimo presumiblemente correspondería al periodista José Antonio Saldías.
2)Este mismo “Viejo Tanguero” (que pareciera considerar el vocablo “piringundín” como de antigua data, y el de “academia”, como posterior a aquél) cita también la Academia de la plaza Lorea donde descollaba la fama de Cármen Gómez, “una hábil milonguera capaz de arremeter contra un cuadro de caballería”, y las del centro: la “Stella di Roma” o “Baile de Pepín” (Corrientes y Uruguay), “Scudo de Italia” (Corrientes casi Uruguay) y la “Casa de Provín” (Corrientes y Talcahuano).
3)Vicente Gesualdo manifiesta coincidentemente que: “Morenos y pardos están en la historia del tango desde su origen, cuando mucho antes de 1870 se bailaba en la casa de la parda Carmen Gómez, en cuyo local tocaba el piano el morenito Alejandro Vilela. En esos lugares de mala fama tuvo su origen el tango, estrechamente ligado a la música que realizaban los negros en sus sitios”. (Citado por Puccia: 1976:76).
4) Matamoro: 1969 : 40
5)Roberto Selles, en su artículo “Los negros del tango, de Casimiro a Rosendo”, agrega otros nombres: Clotilde Lemos (debutó como bailarina en la Academia de Pardos y Morenos, en la actual calle Lavalle en Bs. As. entre 1855 y 1860); la Parda Deolinda, milonguera y propietaria de un sitio de baile, en Montevideo. “Dotada de un magnífico cuerpo y original belleza -nos hace saber su compatriota Pintín Castellanos- amén de un carácter de los mil demonios, tenía extraordinaria habilidad para bailar con corte y quebrada (…) los varones de aquellos lugares, pese a su probada guapeza, no se atrevían mucho con la parda. Entre 1880 y 1886, el Jefe de Policía, Apolinario Gayoso, la deportó -a causa de las muchas trifulcas en las que era protagonista- a Buenos Aires. Aquí, continuó con las filigranas de sus pies y con su bravura… ¡Murió en duelo criollo!”.Otras de las negras al frente de una Academia en Montevideo, fue la morena Sixta que había obtenido jinetas de sargento de este lado del Plata en la batalla de Caseros (solía hacer uso de su viejo fusil con bayoneta, cuando la batahola era grande).
(6)En las Academias porteñas, se destacan varias pardas legendarias, la Parda Loreto, y las ya mencionadas Parda Refucilo y la Parda Flora (personaje mítico) al cual se le atribuye esta hermosa frase: “¡Que haiga relajo, pero con orden!”. Supongo que luego agregaría un “¡carajo!”. Pero eso lo dejo como abono para el terreno de las conjeturas. Hay autores que agregan otros nombres entre las pioneras. Me quedo para este retazo colorido, con las que por su apodo, o alguna descripción existente, denuncian su origen Afro o Amerindio: la Negra María, la Parda Corina, la Parda Esther (bailaba con el Pardo Santillán), la Paulina (italiana rubia, que siendo compañera del Negro Casimiro hasta su muerte, debo considerar mestiza), la Peti (bailaba con el Negro Pavura), la China Venicia (citada por “Viejo Tanguero”), y Concepción Amaya “Mamita” (su “casa” es una leyenda tanguera por todo lo que allí sucedió y los personajes que por ella pasaron, la describen con el cutis morocho oscuro, mas bien achinada, brava y de ojos negros).

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Foto: Comunidad Camundá o Cabundá en una villa de Buenos Aires. Publicada en la revista “Caras y
Caretas” en 1908 (Archivo General de la Nación).

Texto: Eduardo Magoo Nico

Para una versión con mayores detalles dirigirse al blog del autor:
http://magoolefou.blogspot.it/2013/02/el-tango-de-las-academias-en-el-rio-de.html

John Weldon Cale, alias JJ Cale, The Quiet Guitar Hero Has Gone

Karim Moutarrif 

http://seventiesmusic.files.wordpress.com/2013/08/jj-cale-okie.jpgRien ne sert de courir, JJ Cale a rejoint les Prairies des Grandes Chasses, auprès du Grand Manitou au mois de juillet, au moment où on met la faux au sillon. J’ai pleuré ce doux et discret personnage.

Merci de m’avoir distillé pendant des années une musique humaine et sans violence. Merci de m’avoir fait rêver quand j’étais au bord du désespoir entrain de croupir dans une dictature. Merci de m’avoir fait sourire juste en me délectant de tes mélodies. Merci de m’avoir inspiré dans ma propre musique.

Thank you for giving me an endless human music without violence.  Thank you for making me dream when I was at the edge of despair, broken down by dictatorships. Thank you for making me smile with your pure delightful melodies. Thank you for  inspiring me and my music.

 JJ Cale est mort et ce fut un coup dur pour moi. Comme pour Rachid et apparemment Abdellatif aussi. Et tous ceux qui l’aimaient. Là-bas en Afrique.

Un mur de mon édifice s’est effondré, un pan de ma vie s’est écroulé, un bout de ma vie. Il fallait que je partage ce deuil immense avec des adeptes. Depuis quelques décennies déjà, un demi-siècle pendant lesquels il a égrené ses  quinze albums. Jamais pressé le lazy man. Poussant la fumisterie jusqu’à donner des numéros pour  titre à certains de ses albums

It happens! Des fans francophones, perdus en Afrique du Nord, le savait-il? Avant de commencer à écrire j’ai voulu consulter mon ami Rachid, pour faire le point sur les décennies de dévotion à ce bonhomme qui n’avait pas le look. Car on ne peut pas dire que dans le profond des États, l’élégance soit le fort, vu les lignées de paysans que l’Europe avait expurgé vers les « Amériques ». JJ Cale était un rustre mais il s’en tapait, la gloire ça le faisait c….Il chantait  I’m a gypsy man avec ses solos nasillards qui on finit par devenir sa marque de commerce. C’est l’air qu’il avait quand il débarqua au festival de jazz de Montréal, au début des années 90. Avec un percussionniste en guise de band et une Fender Stratocaster blanche. J’étais ému aux larmes, cela faisait déjà dix-huit ans que j’écoutais sa musique et je l’avais jamais vu sur scène.

Mon ami et moi cultivions secrètement le culte, de toute façon autour de nous peu de monde avait saisi le génie du bonhomme. Five, c’était 1979 , Don’t cry sister cry dans la Tanger de l’époque et les nuits blanches sur la plage.

 Nous aimions sa musique tranquille, son humilité, son comportement musical anti-cowboy. Du coup le rock devenait une balade tranquille. Et puis ça pouvait aller loin, à vous perdre, one step ahed of the blues ou carrément dans le jazz. Le premier morceau qui m’avait frappé c’était un titre très anodin, Hey Baby, de l’album Troubadour, un des premiers mais qui est un morceau à la croisée des chemins entre le blues le jazz et un rock très smooth ajusté à sa voix. Avec une ligne de cuivre discrète mais présente. Ce n’était pas une voix de crooner mais elle était chaleureuse, parlée ou chantée

Je commençais à comprendre que lui aussi était mortel mais je n’étais pas prêt. On n’est jamais prêt pour ces choses là. Je voyais bien la marque du temps s’imprimer au fur et à mesure que le celui-ci se déroulait, sur son visage sculpté.

Je suis d’accord avec Neil Young quand il le situe près de Jimi Hendrix.  JJ Cale a été une machine créatrice phénoménale, dans la plus grande intimité. Sans tambour ni trompette. Celui qu’on appelait God, le fameux Eric Clapton a écrit “John Weldon “J.J.” Cale “is one of the most important artists in the history of rock, quietly representing the greatest asset his country has ever had.” Et pourtant, Clapton avait pris tout le lit. Après s’être servi du génie du Okie.

Il fut un des bâtisseurs du fameux Tulsa Sound avec, entre autres, un acolyte nommé Leon Russell. Celui là même qui l’avait entrainé loin de son Oklahoma natale vers Los Angeles et la Californie en 1964. Après un détour à Nashville.

“I love his style. I always thought of it as “lazy” music, because to me it’s so laid back and relaxing. One of my favorite JJ Cale songs… »  écrit un internaute sur http://www.warriorforum.com.

Le day sleeper a quand même accouché de plus de vingt albums et une bonne dizaine de morceaux qui marqueront à jamais la musique anglo-saxonne

“JJ was a perfect example of how a humble but extremely talented musician should live his life,” a dit Mac Gayden, parolier et musicien

Il est parti aussi discrètement qu’il est arrivé. Repose en paix John et merci d’avoir existé.

Viceversa – ♫ How does it feel?

Giuseppe A. Samonà

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© Photo Sophie Jankélévitch

Intelligenza degli uomini, in the meaning of human beings, uomini e donne, quelli che s’incontrano e ci si scambian cose e parole, amore : potere, pouvoir (dans le sens du verbe)  come immaginazione, insieme – già: ma come, come portare i suoni della lingua italiana nel grande nord canadese?  Sentire (it.) e sentir (fr.) partono dai sentimenti: io mi sento bene, ti sento dentro di me (dall’astratto al tattile). Poi uno si fa olfattivo: je sens mauvais; l’altro auditivo: lo sento venire (attenzione: non il … tattile. Tuttavia, entrambi possono ritrovarsi eroticamente: ti sento venire – I feel you’re coming). I francofoni del Canada, e le francofone  (up there we are politically correct), con quel lieve strato di duvet sulle gote, a protegger dal fret, le froid, amano con i profumi, che quel freddo conserva soavi: gli i­taliani con le parole. E ancora: la rose sent bon (la rosa profuma), je sens la rose (odoro di rosa), odoro la rosa, la sento. Poi: io mi profumo (con l’essenza di rosa), o addirittura: so di rosa (sapere, sapore, saveur et savoir: è un’altra affascinante storia…). Infine: je sens le vent (con la sua scia di primavera), e sento il vento (il messag­gero delle epea pteroenta, le parole alate…  – il che a volte – siamo allo spagnolo – può far male: el viento pasa, lo siento mucho). Ma solo in inglese si è pouto metterlo in musica. Bob Dylan.

E dunque? È semplice ! Ci penso io – ma con una precisione :  fainéant vuol dire alla lettera  « fannullone » : ben che (è questo il punto, ed è grave) il néant esista in sé (infatti si trova nel Dizionario), mentre il « nullone » (cioè il grande nulla) esiste solo in quanto espressione di un fare negativo (infatti nel Dizionario non si trova). Gli italiani insomma avrebbero meglio dei french canadians capito che il nulla vive solo come modificazione del fare, anzi come sua essenza : la chiave dell’universo in cui, appunto, viviamo, e di cui siamo, sempre appunto, fatti. Per questo gli italiani, più e meglio dei (e delle) franco-canadesi (mi ostino, l’ammetto, a non parlare di québéquois et québéquoises) ed anche, diciamolo, degli anglo-, sono fannulloni. Ne fais pas la vaisselle, je m’en occupe, direbbe un francofono, o anche un anglofono, direbbe chiunque. Ma un italiano : Ci penso io. Ed eccomi – io, che resto malgrado tutto anche un po’ italiano – di fronte a un’immensa pila di piatti sporchi, immobile ; mentre anch’io immobile, seduto, l’osservo, la studio, la testa fra le mani, a pensare… (n.b. A scuola mi avevano insegnato che i nomi dei popoli quando sono sostantivi si scrivono maiuscoli, minuscoli se aggettivi – ma poi ho imparato che la lingua, come la storia, ha le sue zone d’ombra, e oramai, non per ignoranza, per scelta, li scrivo sempre minuscoli – tranne quelli che vissero un tempo, quando ancora non c’erano le moderne “nazioni”: i Greci, gli Egiziani, i Sumeri…)

Perché si scontrano, ma anche si incontrano le culture, e si scambiano si mischiano si confondono giocano insieme.

             Ne pas se  pencher au dehors… –

c’è scritto nel treno che buca le Alpi, ed entra in Italia, profumo di pizza. Così in tutte le lingue : Nicht hinauslehnen (e fa un po’ paura); Don’t lean out of the window : gli ordini non si discutono. Ma non in italiano : È pericoloso sporgersi. Come dire : sarebbe meglio di no, ma se proprio volete… (io però vi avevo avvertito). Trionfo del libero arbitrio, di sapore kantiano (eppur, era tedesco), o forse più semplicemente saggezza spericolata di lontane origini mediterranee : il desiderio di sfidare la morte, che alletta mascherandosi, si può imbrigliare, non sopprimere. Odisseo e le Sirene.

Però anche, ostie voire sacrifice (ché ahimé la storia, amara, insegna e ne rêvasse pas)… Ci pensa Lui!

Infatti, c’è anche scritto (in quello stesso treno) : Ne pas jeter (oggetti, fuori dalla finestra ; o nel cesso, è lo stesso). Così in tutte le lingue : Nicht… ; Don’t. Ma in italiano : È vietato. Come prima, più di prima, e assai diverso, nel senso di peggiore che in qualunque altra lingua. Altrove non si fa : qui, se proprio volete… Ma non più alla saggezza greca, si fa appello, bensì a quella che si vorrebbe romana, ed è, orrore, mascelluta e fascista : Fatelo pure, che poi ci pensa Lui  (e la paura fa novanta. Ma almeno i treni – appunto – arrivavano in orario). Non a caso ci fu l’Italia libera di Raffaello e Verdi (che, notiamolo bene, non era ancora Italia), quella schiava e cialtrona di Mussolini e Berlusconi (ini e oni). L’eterno fascismo italiano (C.L.). Ogni cultura ha il suo tasso di puzza. (Dall’Alpi a Capo Passero, mentre scrivo, è particolarmente elevato. Insopportabile).

Del resto, dovrebbero saperlo tutti, ma non si sa mai : meglio consigliare, avvertire, persino comandare, ma con severità dolcemente multilinguistica (la torre di Babele, ahimé, è caduta da tempo). Ne pas salir, Non sporcare, Nicht… (che non ricordo, ma ricordo fonicamente tremendo) : trattasi appunto d’ingiunzione, e preventiva – come dire : non dovevate venir qui, ma oramai ci siete, non fate nulla, e se proprio dovete farlo, fatelo di nascosto, senza offendere l’occhio, e le orecchie, o il naso. Gli anglofoni però – du moins, parfois, e qui penso proprio a quelli dell’England – la pensano diversamente:  loro – beati – possono abbandonarsi senza ritegno, forti di una grazia che gli proviene da una superiore, secolare civiltà : Leave your fellow camarades the opportunity to find this toilette in the same conditions you have found it. L’ho letto (giuro) in un cesso di crociera greca, in cui esitante guidavo un gruppo di studenti canadesi (franco e anglo). Sublime fraternità della terra di Albione…

Di nuovo, quanto appare diverso il caciarirridente e « del bene comune io me ne fotto » individualismo italiano. Forse è perché non abbiamo fatto (com’è ovvio) la Rivoluzione francese ? O forse è perché il 68 è finito male. (E il 77 peggio.) Fatto sta che il mio amico ha allora intuito che per le grandi imprese, i grandi ideali, non c’è niente da fare. “Capisci?”, mi dice, addentando con passione una pizza bollente. “Meglio attaccarsi direttamente alle piccole: con quelle, qualche soddisfazione te la prendi”. E mi srotola sotto il naso, aprendosi un varco tra forchette e avanzi di supplì, un lenzuolo di carta millimetrata, che lui ha gravato di disegni, proiezioni, calcoli. Per spiegarmi – e i suoi ragionamenti sono inoppugnabili – che a Roma i pisciatoi pubblici per uomini (quelli verticali, a concoletta, che taluni chiamano vespasiani), questi pisciatoi, dicevo (cioè: diceva lui), considerando la media nazionale (ché i romani, sostiene, sono più vicini ai pigmei che ai watussi. Lui stesso non supera il metro e sessanta), sono troppo alti, e costringono più d’un pisciante a ergersi sulla punta dei piedi, così trasformando in sofferenza quello che potrebbe essere un soave piacere; e senza, per altro, evitare la possibilità di un contatto, i cui rischi sono igienici, e non solo. Martellare, segare, abbassare: ecco la soluzione, ecco l’inizio concreto di un mondo finalmente a misura d’uomo. E io, soggiogato, d’improvviso intuisco che dalla spiaggia sotto i sanpietrini (sous le pavé la plage…) a quel lenzuolo con disegni il passo non è lungo: e nell’ideatore di quel piano geniale, in quel compresso, agitato metro e sessanta (che è coperto di schizzi di olio), un tempo fra i primi a tirar sassi contro gli sfruttatori e oggi pronto a battersi per qualche centimetro di felicità, riconosco la sintesi di Robinson Crusoe e Napoleone (di nuovo, la Rivoluzione…). Venceremos! (p.s. A rischio di sembrare scatologico, devo però aggiungere che quel che vale per i vespasiani, non vale, anzi si rovescia, per il cesso conosciuto come “completo”, quello versione tazza, e orizzontale: soprattutto quando è in ballo l’altro dei due possibili bisogni, cioè il maggiore. Lo sforzo, muscolare e spirituale, del basso, con annessi i rischi igienici, gli  schizzi, e tutti quanti, si sostituisce allora – com’è evidente – alle odissee che implica l’alto. Anche di questo si è avuto prova e appassionatamente discusso nella di cui sopra crociera, dove la detta tazza, in realtà più tazzina che tazza, si alzava da terra per non più di venti centimetri. Questo almeno sino a quando la nave ci ha depositato in Turchia, a noi superiore in fatto di igiene, e non solo).

E poi?

E poi, lo confesso… Volevo solo scherzare. Scherzare a scacchione, o alla igonnabrekkayouass, which is the same… Questa è polvere per gli occhi, spremuta di mortalità o pomata di bellezza, dust and powder, poudre et poussière, riuniti dall’italiano in una sola parola – ed ecco che potrei ripartire, per continuare, continuare all’infinito, per cercare di cogliere perfettamente… Mais je m’arrête, car, pour paraphraser le poète, « el concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio »…

Volevo scherzare, perché ho nostalgia di Montréal, di quegli amici, di quello spirito in cui eravamo tutti sullo stesso piano, e nessuno a dettare una legge : un arabo algerino, che però ci teneva a dire che non era arabo, ed in effetti era kabil, un marocchino che invece era ebreo ma pero’ era francofono, parigino diceva, parigino come quell’altro che invece arabo lo era veramente, o quell’altro ancora che però veniva dalla Romania, che là francese lo parlano da subito, a meno che – c’era anche lui – non si fossero trascorsi i primi dieci anni della propria vita a Toronto, perché allora era l’inglese a batter cassa, come batteva cassa per quell’altro italiano, con un nome che più italiano non si poteva, ma quando parlava italiano scappavano tutti, ché la nourse diventava la norsa, e ancora c’erano la pilla, la zoppa, i cami… e chi più ne ha più ne metta, e poi c’era anche una spruzzata di cileni ed argentini, scappati dai luoghi dell’orrore, con fantasia, dolore e fisarmoniche. Insieme a scherzare, come sopra, ma anche e molto a lavorare, nel senso più bello e gratuito del termine, sempre giocando con le culture e le lingue, saltando dall’una all’altra, en les métissant, con passione e sul serio, ma senza mai prendersi sul serio. Questo era il nostro piacere, la nostra vita : era, per dirlo in una frase, lo spirito Viceversa.

Così, in questo crogiolo di uomini e donne, ho imparato, parlando, ad amare e giocare con le mie lingue, ed anche – spero – a lavorarle e lavorare sul  serio ma senza prendersi sul serio. Certo, se oralmente si può saltare agilmente da una lingua all’altra, quella scritta resta in principio una (e per me è chiaro quale sia), o meglio : gli innesti, i salti, les métissages, sono frutto di un lavoro più complesso, delicato – ma che a dispetto di purezza e barriere può e deve farsi. È la grande avventura del nuovo lavoro che ci aspetta come scrittori, del nostro gusto viceversiano per le traduzioni, delle nostre ricerche su Florio e Cervantes, sul XVI secolo, sulle prime cronache del Nuovo Mondo.

Ma questa, da raccontare, è un’altra storia. The next one.

Paris, décembre 2010

(mais des temps en temps je le relis – par exemple aujourd’hui, le 9 janvier 2014, toujours à Paris – et l’envie me prends d’y ajouter deux ou trois mots…)